Cuando nos imaginamos a nosotros mismos realizando el sueño de abrir el propio negocio, la mayoría de nosotros tendemos a fantasear sobre el lado positivo: Trabajar sin un jefe en la cabeza, no hay más atascos de tráfico en nuestro camino y de regreso del trabajo, y no más conflictos con 'colegas' ni tener que lidiar con los clientes de la empresa.
Pero cualquiera que haya experimentado la apertura real de un negocio, sabe de la enorme responsabilidad puesta sobre sus hombros casi desde el momento en que se tomó la decisión. Habrá un momento en que tus realidades choquen entre sí y es en ésto en lo que tienes que desarrollar inteligencia.
En primer lugar, desde ya tómate en serio tu proyecto de tener un negocio propio y comienza con seriedad. Para ésto te recomiendo que quites por completo la idea de que "nunca más tendré un jefe" porque ¿sabes? deberás desempeñarte como si cada uno de tus clientes será un jefe tuyo.
No esperes el mismo trato que das. Tu te debes a ellos, puedes tratarlos con afabilidad, paciencia, con dedicación, pero ten en cuenta que ellos vienen de distintos trasfondos, cada uno trae su propia historia de vida. Ten desde ya en claro que no todos los clientes fidelizados con tu producto o servicio vendrán con un rostro de satisfacción.
Cuando uno prospecta clientes aprende a ejercer una fidelización PERSONALIZADA. Es decir, algunos son atraídos por tu bien trato, otros por tus ofertas, otros por el ambiente, otros por la rapidez, otros por distintas mezclas de factores diferenciales, otros porque tú personalmente le caes bien. Otros prefirán que alguno de tus empleados les den la atención que buscan, otros sencillamente porque siempre encuentran aquello que buscan. Etc.
Y cada uno de ellos serán para tí como pasar de tener un JEFE insoportable a tener miles de JEFES a los que les debes un trato ESPECIAL.

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